Cuando hablamos de nuestros hermanos menores, es que ellos a través de la imposición de la razón, aun pensamos que todavía les falta pensar, porque si nosotros pudiéramos hablar del significado de cada una de las estrellas como lo hacemos los mamos, podríamos durar
meses aquí hablando de eso. Y lo haríamos a través del mensaje del ayu, a través del
mensaje de la coca. Y lo haríamos a través e otros alimentos sagrados que nuestros
hermanos indígenas aun mantienen en sus comunidades. Eso es lo que nos hace sentir un
sabor por la vida.
Entonces yo aquí me estoy preguntando. Si nuestros hermanos menores sintieran el valor
sagrado de abrazar un árbol, de sentir una reflexión profunda por las montañas, yo creo que
no habría necesidad de matarnos; al contrario, sentiríamos el valor sagrado de existir
porque los últimos que quedamos en este planeta somos nosotros. Si ponemos en
consideración la edad de nuestra madre la tierra que le calculamos 1.800 millones de años
y nosotros los indígenas para ser indígenas unos 70.000 años y escasamente no alcanzamos
ni 100 años, nosotros verdaderamente somos unos niños todos.
Pero yo los invito a ustedes a que esos niños que estamos formando para el futuro, le demos
un vuelco a nuestra verdadera historia como nosotros los mamos lo interpretamos. Y que
todo el pensamiento de la razón que nos vienen imponiendo sirva más bien de un
complemento. Porque yo sé que aquí en este casco donde estamos reunidos, no es
suficiente para nosotros charlar; diferente sería si lo hiciéramos en un campo donde
nosotros tuviéramos oportunidad de intercambiar nuestro conocimiento, nuestro
pensamiento.
Por eso nosotros siempre hemos pensado que el mundo como lo interpretan nuestros
hermanos menores no es el verdadero, es el pensamiento de la razón de la confusión. Es el
pensamiento de nuestra autodestrucción. Por eso cada mensaje nuestro va enmendado como
una referencia de reflexionar para pagar. Pagar contribuciones sagradas a nuestra tierra.
Estamos en este momento en una campaña por hacer un abono sagrado a nuestra tierra y
hemos encargado a diferentes hermanos menores, traernos arena y tierra de todo el
continente, para volver a consagrar nuestra tierra hacia la vivencia futura de nuestros niños
que son los encargados de abrir el espacio a ese nuevo sol que queremos ver. No queremos
ver ese firmamento manchado y no queremos ver ese firmamento lleno de luz. A eso es que
hemos venido y estamos invitando en esta minga sagrada. Invitamos a reflexionar, a
mantener un comportamiento más íntimo, más profundo, más sabio, más de salud y más de
conocimiento de preservar todo lo que observamos, todo lo que tenemos, todo lo que
percibimos y no olvidar que cada elemento por muy ínfimo insignificante que esté en la
tierra es sagrado, y ese signo que está aquí en la tierra tiene un signo sagrado también en el
infinito conjunto de comunidades de estrellas. Así debemos mirar nuestro casco sagrado
para seguir saboreando lo que significa vivir en este planeta.
Habrán cosas que nosotros nos limitamos no practicar como serían los aungo. El aungo es
por ejemplo mantener alerta nuestro interno, a través de lo que ustedes conocen como el
alma, pero para nosotros es mucho más profundo que el alma, porque el alma de nuestra
vivencia está manifiesto en ese sin número de fuerzas, de energía que nos rodea. Y en un
ejercicio práctico yo podría invitar a muchos de mis hermanos a la Sierra y seríamos
capaces de hacer muchas cosas prácticas para que el mensaje sea mucho más profundo.
Cada camino de las estrellas, de acuerdo a la orientación de nuestro gran padre el sol tiene
un encargo especial para nosotros. Por eso en nuestro cuadro cosmogónico que es un
cuadro bastante difícil para interpretarlo en esta noche, yo solamente les voy a mostrar
cómo lo diseñamos.
En este cuadro pueden ustedes observar en la parte central como una especie de monacho.
Ese Mónaco que está en la mitad está rodeado de tres círculos. El primer círculo interno
donde está el momacho es nuetro planeta tierra, Séinequen, el segundo círculo está
simbolizando el universo. En ese conjunto de universo están incluidos los nueve planetas.
Si ustedes cuentan las bolas desde la parte inferior hasta la parte superior, pueden contar
nueve. Y cada uno de esos signos es uno de nuestros planetas. En la parte donde está el
círculo interno y lo que bordea el signo que está interno, es como si fuera el pantalón que
nosotros usamos y la parte de arriba es nuestro camisón blanco que usamos. Y está
indicando que esa es la línea sagrada, la línea de pensamiento, queriéndonos así enseñar
nuestros viejos que nosotros tenemos que tener una visión terrenal, una visión universal y
una visión hacia el infinito.
Luego, están sin nada las cuatro tribus sagradas en el círculo interno, que se refieren a los
kogui, a los wiwa, a los kankuamas y a nosotros los arhuacos. Entonces mantenemos
siempre una vida cíclica. Pero si mantenemos el mismo cuadro en la parte inferior aquí en
este primer signo, dice que es el dueño de los temperón, hablamos de los kamatsa, que tiene
que ver mucho de la influencia solar, en consideración a los cambios que se dan dentro del
mar que es donde está el monacho y la parte negra que es el conjunto de agua. Que entre
otras cosas, de acuerdo a nuestra vivencias y nuestro conocimiento, no le deberíamos
llamar planeta tierra sino planeta agua de acuerdo a nuestro pensamiento. Porque el agua
para nosotros es nuestra vida.
Y a su vez ven como una especie de triángulos invertidos. Esos triángulos invertidos que se
ven son para nosotros los polos y la cintura hace parte de la mitad del centro donde se
despliegan la parte de la mitad como unas antenas. Es exactamente la suratmina, o sea los
templos sagrados de nosotros en la Sierra, simbolizando que esas antenas deben estar
expresamente comunicadas con la parte espacial.
Nosotros de acuerdo a nuestro conocimiento estamos solamente en esta parte y la razón de
nuestros hermanos menores está por aquí en esta parte, se ven como unas vibraciones,
indicando que es la era de la cibernética. Entonces para ellos tener conocimiento, para
llegar hasta acá, hasta la parte espacial, todavía tienen un recorrido muy largo. Nosotros
alrededor de esta línea, es donde mantenemos 56 montículos que rodean la Sierra Nevada
de Santa Marta y cada montículo - lugar de esos donde se hacen las ofrendas sagradas- es lo
que tiene relación directa con la parte que debe mantener en equilibrio de nuestro planeta
en consideración al gran casco solar. Eso lo hemos venido manteniendo aun; aunque
nuestro territorio está violado, está profanado por muchos invasores, por propietarios,
siempre nos ha sido difícil hacer las ofrendas que nosotros necesitamos para mantener
nuestro equilibrio pero lo hemos logrado. Nos han dado los permisos los propietarios de las
fincas, que eso es lo que nosotros mantenemos para poder lograr que el pensamiento de
mamo se mantenga y no cambie su ritmo de pensar. Entonces a eso es que yo quiero
invitarlos esta noche.


