![]() |
|
|
|
RITUAL DE CREACION
RITUAL DE CREACIÓN ARHUACO: CRISPÍN IZQUIERDO
Antes de comenzar este diálogo con ustedes quiero invitarlos más a una reflexión profunda de cómo nosotros percibimos la vivencia de nuestra eternidad, de nuestros signos mayores en el firmamento y que hacen presencia en nuestro interno; especialmente en la vivencia del conocimiento de nosotros los mamos y de nuestros sabedores aborígenes del continente. Hablo de la Sierra, porque conjuntamente con las cuatro tribus sagradas que existimos allí, nos aúna ese conocimiento profundo. Por eso quiero pedir permiso primero para que esas mismas fuerzas me iluminen la forma más sencilla, más franca y que ustedes puedan percibir ese mensaje. Voy a hacer una inducción como la hacemos nosotros en la Sierra, cuando nuestros primeros ancianos nos hacen un recuento de la formación de nuestro cosmos y empiezan con un cántico sagrado dedicado exactamente a nuestra cosmogonía, Se llama Cunsamadui (canto).
Cuenta el pensamiento de nuestros mayores que el firmamento en su eternidad, en el comienzo era solo un solo juego de energías de estrellas y que una vez que esas estrellas se fueron conjugando en ese juego sagrado, con el ritmo del duna y cancina de izquierda a derecha, se fueron formando los primeros gases bunticananai. Eran como vientos que jugaban en el confín de la eternidad. Y que cada uno de esos direcciones de viento, nosotros los mamos les fuimos asignando un nombre en especial. Por eso, nosotros hablamos para la formación de nuestro planeta concretamente de atibúna, refiriéndonos a la formación de la Vía Láctea. De allí, de esa vía sagrada, de ese camino sagrado del conjunto, de las estrellas, siguieron su curso los otros planetas; pero el guía especial era nuestro gran Padre el Sol. El Sol para nosotros en ese momento era un conjunto de energía que estaba protegido de una serie de como especie de espejos; pero que el sol le tocó en millones de años romper esos espejos para que finalmente diera lugar a nueve planetas, de acuerdo a como nuestros mamos lo hablan. Por eso cuando hablamos nosotros los mamos de nueve no es nada caprichoso; casi todo lo que nosotros mantenemos en la Sierra, en nuestros rituales, en nuestras palabras, en nuestros signos, se compone de nueve. Nuestro cuerpo mismo interno tiene nueve aspectos especiales, nuestra capacidad de tacto, externamente también se compone de nueve, y nuestro cuadro cosmogónico, se compone de nueve. Y hablan con relación a la manifestación de los planetas, si yo le hablara de millones de años, nuestros mamos le estarían hablando de aproximadamente de mil ochocientos millones de años; la primera manifestación para nosotros ser pensamiento del planeta. Por eso conjugamos el pensamiento como vivencia, más no el tiempo; porque el tiempo para nosotros ha sido una conjugación de los hermanos menores para confundirnos. Más bien nuestras vivencias nos consagran a esa misma eternidad.
Entonces yo hablaba hace poco con un amigo y le decía: “nuestras primeras etapas ocurrieron en nueve etapas de hielos y esas nueve etapas y deshielos que sufrió nuestro planeta, la estamos pasando en este momento”. Pero me decía: “y esas etapas de hielo ¿cómo las pasaron?” Sencillamente que cuando el planeta estaba congelado, allí se fueron descubriendo, despejando las primeras montañas y esas montañas daban signo de que ya había algunos seres aquí, especialmente los moluscos, los caracoles, que hacían parte de nuestra vivencia del conocimiento para reflexionar en lo que teníamos en la inmensidad, en la eternidad. Por eso cada signo de las estrellas en el firmamento es un signo de seres vivos en la tierra. Cada signo de estrellas en el firmamento es el signo de una manifestación de la forma como nuestras nubes forman el vestido para la tierra. De ahí que las nubes son nuestros guías;cada nube de acuerdo a su manifestación nos da también la orientación, cómo está manifestándose la energía en nuestros planetas. Por eso hablan sencillamente nuestros mamos, que hubo algunos planetas más próximos a la tierra que tuvieron seres vivientes pero que por estar más próximos al sol, las radiaciones fueron más fuertes y ellos murieron en una innamisión profunda, de calor profundo del fuego y se extinguieron y que nosotros estamos solamente en una etapa intermedia y que por eso somos los únicos seres vivientes dentro de eso que nosotros llamamos el pensamiento de vida y que nosotros lo revivimos con la línea sabia, con la línea negra, lo vivimos con el pensamiento de mantener las cosas en su máxima identidad con nuestro interno, para no profanarlo, para no violarlo, para que ellos hagan parte de nuestra integridad.
De ahí que cada signo que existe en el firmamento de acuerdo a la orientación del sol, que es el que nos da las máximas orientaciones para tener un conocimiento o una simbología; nos lo dan desde la tierra. Pero antes de llegar a la tierra nos hablan nuestros viejos que existían para el sol cuatro lunas especiales, esas lunas nosotros las definimos como si fueran mujeres y el sol era el símbolo máximo del hombre.
Pero que una vez nuestro Gran Padre Serancua, al lado de su hermano Serancua (cuando yo hablo de Serancua me estoy refiriendo a la energía que se le iba a dar a la tierra para que aquí tuviera la capacidad de existir seres vivientes llámense plantas, animales, llámense seres humanos, en fin... todo eso lo iba a regir nuestro Gran Padre Serancua). Pero había una fuerza superior que iba a regir la eternidad y ese se llama Cacacarecucui. Entonces se refería al confín de la eternidad en el infinito donde ya el sol no tuviera proyección ¿Ustedes pueden imaginarse donde ya el sol no alcanza ni siquiera su luz? Entonces ellos, nuestros hermanos, nuestros mayores hablan de que el mismo sol se encarga de que a través de las nubes y a través de los cambios que se fueran recogiendo dos polos especiales, dos puntos especiales: los saccruiba y los cantcruiba, tariban cruiba Es decir que nosotros tomamos como referencia la línea del polo norte y del polo sur como si fuera el polo norte nuestra cabeza y el polo sur nuestros pies. Y de esa manera, cacarbaiucu que estaba orientado hacia la salida del sol y catsecuico que estaba ubicado hacia la parte occidental era el opuesto del sol.
Tomábamos como referencia ese aspecto para observar con vivencia todo lo que nosotros podíamos tener. Entonces no se nos es extraño observar las estrellas o los viracuocu (como hablamos nosotros) para que ellos también mantengan permanentemente una comunicación con nuestro juego de pensamiento en la tierra para nuestra supervivencia. Por eso, nosotros tenemos un respeto íntimo, un respeto muy profundo, muy sagrado a nuestro firmamento ya que ella hace parte de nuestro casco sagrado, nuestra casa sagrada, nuestra casa cosmogónica.
Así, nos los han enseñado nuestros viejos. Por eso cuando nuestra madre la tierra tiene la primera semblanza para manifestar a los seres humanos el sol le dio el color a las razas humanas. Y su primera etapa fue primeramente pasar por la edad de los indígenas. Todas las razas; pero unas de pronto más avasalladoras que otras, más aceleradas que otras, perdieron su estatus de mamo, su estatus de indígenas, de vivencia de pensamiento y empezaron a confundirse. Y una vez se produce esa confusión, se confunde también el pensamiento viviente y empiezan a hacer una mezcla, a hacer una mezcla de pensamiento que los confunde con las cosas científicas para nosotros, pero que podía significar para la humanidad mucho desarrollo pero para nosotros los indígenas significa autodestrucción. Por eso permanentemente en nuestra reflexión nosotros estamos pagando el precio sagrado de todo lo que destruyen y de ahí nuestras ofrendas sagradas al cosmos, a las estrellas, al sol a la luna, a todo cuanto existe. Y ellos nos van dando el signo de todo lo que va ocurriendo aquí en el planeta.
Pero antes de eso quiero referirme de que los viracopus, en sí, o sea el conjunto de las estrellas en sí. No solamente se limitan a formar equilibrio en la tierra, sino que ellos tienen influencia también directa sobre todo los seres que existen. Y la primera influencia que nosotros recibimos de ella, fue exactamente de las diferentes aguas que nosotros clasificamos como espejos de aguas sagradas para que esos espejos de agua sirvieran también como estrellas aquí en la tierra y a su vez se reflejaran en el firmamento. Eso es lo que nos da a nosotros también hablar de los yicuruma, yi es sol y curuma es poder del sol. Y hablamos también de los yicuruma, hablando del poder del agua de las cosas gaseosas y líquidas que se forman en el firmamento como un complemento entre el firmamento y la tierra. Por eso nada de lo que existe aquí nos sobra. Al contrario, hay que preservarlo, hay que mantenerlo en ese juego sagrado.
Es algo así como si hubiera permanentemente en nuestro pensamiento un matrimonio entre el cielo y la tierra. Y que producto de ese matrimonio resulta el signo, la tierra como nuestra madre y el firmamento de la parte espacial como si fuera nuestro padre. Así lo hemos identificado desde nuestro principio. Y si ya lo aplicamos a la vida práctica; nosotros tomamos por ejemplo nuestras madres en el estado de embarazo como un mundo pequeño en su estómago, rodeado de mucha agua. Rodeado de diversidad de fuentes de río, conformados por las arterias, las venas. Y a su vez, alimentado por un cordón común: el cordón umbilical. Ese sería el signo número uno en nuestra vivencia para poder interpretar nuestra cosmogonía.
Pero una vez que ya ese ser, ese niño crece, él sigue retroalimentándose de todo cuanto existe. Por eso ese cordón sagrado debe ser de vivencia para poder saborear nuestra vida. Por eso el signo lo asignamos a la boca como primer lugar. Nuestras dos fosas nasales para equilibrar las cosas buenas del medio ambiente. Nuestro cucue, como los caracoles, el conjunto de caracoles de música sagrada, de música sentida para interpretar nuestro interno y así poder percibir, sensibilizar las cosas más eternas de todo lo que somos capaces de observar. Nuestros ojos como los páneles que recibimos el mensaje del conjunto de la energía solar. Y los desechos que eliminamos a través de los fluidos líquidos y de todo lo que consumimos, lo hacemos a través de un órgano el urinario, y las materias fecales finalmente. Si nosotros contamos así nomás son nueve: siete en nuestro casco de vivencia de la cabeza y dos hacia la parte opuesta, son nueve.
Pero cuando nosotros ponemos la frente hacia la parte norte y extendemos nuestros brazos y extendemos nuestras piernas hacia lo más ancho, es lo que mantiene nuestro equilibrio en permanente movimiento. Eso es lo que nosotros llamamos cansiyenina, cansinayurigra. Es decir que alrededor de nosotros hay como especie de un magnetismo que a través de la energía del mismo movimiento de los astros y de nuestra madre la tierra hace que nos mantengamos aquí en equilibrio. Eso nos lo han venido contando nuestros viejos para poder tener un respeto de sabiduría profunda hacia todo lo que observamos. Por eso nuestros viejos nos enseñan a abrazar las rocas a abrazar los árboles... a hacer un ritual de nuestros grandes ríos y de nuestras grandes montañas y de nuestros grandes hermanos sabedores de este continente que lo conforman las tribus indígenas.
Cuando hablamos de nuestros hermanos menores, es que ellos a través de la imposición de la razón, aun pensamos que todavía les falta pensar, porque si nosotros pudiéramos hablar del significado de cada una de las estrellas como lo hacemos los mamos, podríamos durar meses aquí hablando de eso. Y lo haríamos a través del mensaje del ayu, a través del mensaje de la coca. Y lo haríamos a través e otros alimentos sagrados que nuestros hermanos indígenas aun mantienen en sus comunidades. Eso es lo que nos hace sentir un sabor por la vida.
Entonces yo aquí me estoy preguntando. Si nuestros hermanos menores sintieran el valor sagrado de abrazar un árbol, de sentir una reflexión profunda por las montañas, yo creo que no habría necesidad de matarnos; al contrario, sentiríamos el valor sagrado de existir porque los últimos que quedamos en este planeta somos nosotros. Si ponemos en consideración la edad de nuestra madre la tierra que le calculamos 1.800 millones de años y nosotros los indígenas para ser indígenas unos 70.000 años y escasamente no alcanzamos ni 100 años, nosotros verdaderamente somos unos niños todos.
Pero yo los invito a ustedes a que esos niños que estamos formando para el futuro, le demos un vuelco a nuestra verdadera historia como nosotros los mamos lo interpretamos. Y que todo el pensamiento de la razón que nos vienen imponiendo sirva más bien de un complemento. Porque yo sé que aquí en este casco donde estamos reunidos, no es suficiente para nosotros charlar; diferente sería si lo hiciéramos en un campo donde nosotros tuviéramos oportunidad de intercambiar nuestro conocimiento, nuestro pensamiento.
Por eso nosotros siempre hemos pensado que el mundo como lo interpretan nuestros hermanos menores no es el verdadero, es el pensamiento de la razón de la confusión. Es el pensamiento de nuestra autodestrucción. Por eso cada mensaje nuestro va enmendado como una referencia de reflexionar para pagar. Pagar contribuciones sagradas a nuestra tierra. Estamos en este momento en una campaña por hacer un abono sagrado a nuestra tierra y hemos encargado a diferentes hermanos menores, traernos arena y tierra de todo el continente, para volver a consagrar nuestra tierra hacia la vivencia futura de nuestros niños que son los encargados de abrir el espacio a ese nuevo sol que queremos ver. No queremos ver ese firmamento manchado y no queremos ver ese firmamento lleno de luz. A eso es que hemos venido y estamos invitando en esta minga sagrada. Invitamos a reflexionar, a mantener un comportamiento más íntimo, más profundo, más sabio, más de salud y más de conocimiento de preservar todo lo que observamos, todo lo que tenemos, todo lo que percibimos y no olvidar que cada elemento por muy ínfimo insignificante que esté en la tierra es sagrado, y ese signo que está aquí en la tierra tiene un signo sagrado también en el infinito conjunto de comunidades de estrellas. Así debemos mirar nuestro casco sagrado para seguir saboreando lo que significa vivir en este planeta.
Habrán cosas que nosotros nos limitamos no practicar como serían los aungo. El aungo es por ejemplo mantener alerta nuestro interno, a través de lo que ustedes conocen como el alma, pero para nosotros es mucho más profundo que el alma, porque el alma de nuestra vivencia está manifiesto en ese sin número de fuerzas, de energía que nos rodea. Y en un ejercicio práctico yo podría invitar a muchos de mis hermanos a la Sierra y seríamos capaces de hacer muchas cosas prácticas para que el mensaje sea mucho más profundo. Cada camino de las estrellas, de acuerdo a la orientación de nuestro gran padre el sol tiene un encargo especial para nosotros. Por eso en nuestro cuadro cosmogónico que es un cuadro bastante difícil para interpretarlo en esta noche, yo solamente les voy a mostrar cómo lo diseñamos.
En este cuadro pueden ustedes observar en la parte central como una especie de monacho. Ese Mónaco que está en la mitad está rodeado de tres círculos. El primer círculo interno donde está el momacho es nuetro planeta tierra, Séinequen, el segundo círculo está simbolizando el universo. En ese conjunto de universo están incluidos los nueve planetas. Si ustedes cuentan las bolas desde la parte inferior hasta la parte superior, pueden contar nueve. Y cada uno de esos signos es uno de nuestros planetas. En la parte donde está el círculo interno y lo que bordea el signo que está interno, es como si fuera el pantalón que nosotros usamos y la parte de arriba es nuestro camisón blanco que usamos. Y está indicando que esa es la línea sagrada, la línea de pensamiento, queriéndonos así enseñar nuestros viejos que nosotros tenemos que tener una visión terrenal, una visión universal y una visión hacia el infinito.
Luego, están sin nada las cuatro tribus sagradas en el círculo interno, que se refieren a los kogui, a los wiwa, a los kankuamas y a nosotros los arhuacos. Entonces mantenemos siempre una vida cíclica. Pero si mantenemos el mismo cuadro en la parte inferior aquí en este primer signo, dice que es el dueño de los temperón, hablamos de los kamatsa, que tiene que ver mucho de la influencia solar, en consideración a los cambios que se dan dentro del mar que es donde está el monacho y la parte negra que es el conjunto de agua. Que entre otras cosas, de acuerdo a nuestra vivencias y nuestro conocimiento, no le deberíamos llamar planeta tierra sino planeta agua de acuerdo a nuestro pensamiento. Porque el agua para nosotros es nuestra vida.
Y a su vez ven como una especie de triángulos invertidos. Esos triángulos invertidos que se ven son para nosotros los polos y la cintura hace parte de la mitad del centro donde se despliegan la parte de la mitad como unas antenas. Es exactamente la suratmina, o sea los templos sagrados de nosotros en la Sierra, simbolizando que esas antenas deben estar expresamente comunicadas con la parte espacial.
Nosotros de acuerdo a nuestro conocimiento estamos solamente en esta parte y la razón de nuestros hermanos menores está por aquí en esta parte, se ven como unas vibraciones, indicando que es la era de la cibernética. Entonces para ellos tener conocimiento, para llegar hasta acá, hasta la parte espacial, todavía tienen un recorrido muy largo. Nosotros alrededor de esta línea, es donde mantenemos 56 montículos que rodean la Sierra Nevada de Santa Marta y cada montículo - lugar de esos donde se hacen las ofrendas sagradas- es lo que tiene relación directa con la parte que debe mantener en equilibrio de nuestro planeta en consideración al gran casco solar. Eso lo hemos venido manteniendo aun; aunque nuestro territorio está violado, está profanado por muchos invasores, por propietarios, siempre nos ha sido difícil hacer las ofrendas que nosotros necesitamos para mantener nuestro equilibrio pero lo hemos logrado. Nos han dado los permisos los propietarios de las fincas, que eso es lo que nosotros mantenemos para poder lograr que el pensamiento de mamo se mantenga y no cambie su ritmo de pensar. Entonces a eso es que yo quiero invitarlos esta noche.
|